“AVDA. PEDRO DE MENDOZA: UN CONFLICTO URBANO AÚN SIN RESOLVER”.
Al abordar la características tipológicas de las ciudades hacia el río o al mar, acerca a mi memoria la versión cinematográfica de Claude Chabrol “Los 400 golpes”; cuando el personaje principal, a cargo del entonces adolescente Jean Pierre Laud, corre desesperado kilómetros hasta arribar a ese horizonte oceánico desconocido para él, concluyendo fijando la proyección en una imagen triste aunque necesaria e instintivamente esperanzada, desahogar tanta congoja y dolor contenidos.
Es reiterativo mencionar que Buenos Aires, puerto secular imprescindible de acceso y salida comercial, social, turística y política, nunca tuvo la intención de volcar su mirada hacia ese inmenso y turbador Río de la Plata. Se han dedicado numerosos estudios históricos, sociológicos, políticos y económicos para justificar esa contradicción.
Sin embargo, hubo ciclos en que pudieron generarse espacios agradables, con una costanera recorrible tanto al norte como al sur, con salteadas interrupciones (áreas portuarias, vías y terminales ferroviarias, aeroparque, etc.).
Cuando todo parecía pujar cambiando las costumbres, envidiando la ribera prolijamente custodiada por nuestros hermanos uruguayos “del frente”, aparecieron en los ’70 los amantes aéreos de las autopistas, agregando a la confusa red urbana “patas” gigantescas que se insertan sobre el territorio para sostener una cinta de hormigón donde automovilistas raudamente atraviesan lo más bello de la ciudad para ir de norte a sur o viceversa.
Nuevamente se pensó en otra cosa que no es la ciudad ni sus ciudadanos. Lo complejo es recomponerlo.
Esa ribera interminable, sin embargo, ha tenido sus ciclos de bonanzas en los últimos años, tanto en sectores norteños (remodelación de la Costanera Norte junto al área discutible de Vicente López) como sureños (Puerto Madero y la readecuación y defensa inundaciones de la ribera Boquense).
Lo que es inadmisible es la discontinuidad. Ejemplo de ello es el nudo de 8 o 10 cuadras de la Avda. Pedro de Mendoza, atiborrada de esas fastuosas columnatas que impiden conectar La Boca con Puerto Madero……allí nomás.
Con la incorporación de galpones y edificios desocupados (léase ex–terminal Buquebus), calles cortadas con empresas areneras, espacios residuales bajo autopista, crecimiento de villas de emergencia consolidadas, etc.
Innumerables disputas entre Gobierno Nacional y de la Ciudad impiden resolver el dilema. Estudios existen, especialistas interdisciplinarios y capaces los hay, lo que resta es lo de siempre: ACORDAR, la decisión política e ir elaborando con paciencia e inteligencia lo que tanto la población desea: participar de ese horizonte y la restauración de su entorno. Ello no sólo beneficiará el comercio con su conectividad y diversidad cultural sino al turismo local e internacional con paseos imprescindibles, cambiantes y atractivos.
Sería bueno recordar, aunque a algunos les pese, lo que el filósofo José Ortega y Gasset nos recomendara hace más de siete decenios: ARGENTINOS A LAS COSAS.
Yo solo humildemente agregaría…PERO BIEN.
Arq. Rodolfo B. Graciotti
Presidente del TIUL
Taller Internacional de Urbanística Latinoamericana
Organizador de las Bienales Internacionales de Urbanismo